miércoles, septiembre 10, 2008

A UN DIOS VENCIDO

Pero al cabo no engaña el signo
crepuscular de la hora ni el flamígero
viento que sopla y que pasa

Sorprendido a mitad de la vida
qué innúmera fuerza, qué sino
condujo una vez hasta aquí,
qué oscuro ajedrez torna opaco
aquello amado en su día
y en la noche de su día huye,
con qué veloces caballos huye.

Ya nada más queda sino esta misma
sombra fiel, la del fruto ya pasado
que proyecta la flor de su instante
sobre la tierra.. Ebrio te lleven las
aguas, ahí donde nunca tus pies
soñaron llegar: Thalassa. Y en tributo
este canto a un lejano dios ya vencido.

Alejandro Drewes

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